Desde la PNL tenemos algunas presuposiciones acerca del ser humano y su percepción que damos por válidas. No tienen que ver con que sean verdaderas o falsas, porque en definitiva, es subjetivo. Ahora bien, darlas por ciertas nos abre un panorama de mayor flexibilidad, apertura al aprendizaje y mejor percepción.

Una de las presuposiciones más importantes, es esta: el mapa no es el territorio. ¿Qué significa? Vamos por partes...

El Mapa no es el Territorio

Al mundo y a las cosas que suceden los percibimos a través de nuestros cinco sentidos, afectados neurológica, social e individualmente de diferentes maneras. Tomarlos por la realidad es pretender que el paisaje y el mapa que lo representa son la misma cosa.

Del mundo solo somos capaces de percibir una pequeña parte de él. Esa parte que percibimos luego la filtramos según la cultura, lenguaje, creencias, valores, intereses, etc. Los mapas son selectivos, dejan de lado información al mismo tiempo que nos la brindan; hacemos caso a los aspectos que nos interesan y dejamos de lado otros. Así construimos nuestra subjetividad.

Por esto, el mundo siempre es más rico que las ideas que tenemos sobre él. El mapa puede ser parecido o diferente al territorio, pero siempre será una representación, no el territorio mismo. A veces creemos que porque vemos o escuchamos algo esa es LA REALIDAD (el territorio) y es única e irrefutable. Y no podemos entender cómo otra persona lo percibe de diferente manera. Esto es porque a la vez que construimos nuestro mapa, percibimos a través de él, convirtiéndose en un filtro perceptivo más, condicionando nuestra manera de ver y sentir el mundo.

Entonces, cuando actuamos, no lo hacemos directamente en el mundo sino en la representación del mundo que cada uno tiene, desde nuestro mapa. Tomar conciencia de que cada persona vive, actúa, decide y se comunica desde su mapa, nos ayuda a comprender las diferencias y construir sobre ellas. Cuando no puedas entender por qué alguien hace o dice tal cosa, ten en cuenta que tal vez en TU mapa no tiene sentido, pero en el mapa del ÉL, sí tiene sentido.

Aquí te dejamos un cuento que ilustra el espíritu del último punto de este artículo:

El mapa y el hombre

 Un científico e investigador pasaba los días trabajando en su laboratorio. Una mañana, su hijo pequeño entró al laboratorio. El científico, molesto por la interrupción, le pidió que fuese a jugar a otro sitio. Como el niño insistió en quedarse a su lado, buscó algo para distraerlo.

Encontró, en una revista, un planisferio grande y colorido. Recortó el mapa en varios pedazos y se lo dio con un rollo de cinta adhesiva.

-Hijo, toma. Ya que te gustan tanto los rompe-cabezas, te doy el mundo roto. Quiero que lo armes sin pedir ayuda.

Calculó que le llevaría varias horas armarlo. Pero a los veinte minutos...

-¡Papá! ¡Papá! Terminé!

-No puede ser, ¿cómo has podido armar tan rápidamente un mapa que nunca habías visto antes?

Miró, y el mapa estaba ¡perfectamente armado!

-Hijito, si nunca has visto el mundo, ¿cómo conseguiste hacerlo correctamente?.

Y el niño respondió:

-Cuando sacaste el mapa de la revista, vi la figura de un hombre en la parte de atrás. Armé al hombre que sí sabía cómo era. Cuando arreglé al hombre, di vuelta la hoja y vi que había arreglado al mundo .

(desconocemos el autor)

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