“Es indispensable tener los canales sensoriales abiertos para reconocer las respuestas”. Esta es una de las presuposiciones básicas de la PNL. Se basa en la idea de limpiar nuestros cinco sentidos de interpretaciones, para RE-aprender a observar.

Estamos acostumbrados a mirar a alguien y etiquetarlo: “está triste”, “está molesto”, “algo está ocultando” entre miles de otras interpretaciones que podemos hacer. Esto genera que, como profecía autocumplida, veamos en esa persona todo aquello que se condice con nuestra interpretación. Y al hacer eso, muchas veces podemos “acertar” con lo que sucede con esa persona; pero muchas otras veces nos estaremos limitando, acotando o distorsionando nuestra percepción.

Desde la PNL, en principio, es importante reeducar nuestra percepción acotando nuestra observación a aquello que tiene base sensorial, es decir que “realmente” puedo ver, oír o sentir.

Entonces, ¿qué observamos? ¿A qué le prestamos atención del otro? ¿En qué detalles nos fijamos? Para comenzar, tenemos los indicadores mínimos básicos que debemos aprender a calibrar.

Estos son:

Postura corporal: erguida, hacia abajo, hacia atrás, movimientos de manos y pies.

Pequeños gestos: en el rostro, las cejas, la boca, la nariz, etc.

Accesos oculares: hacia arriba, línea media, hacia abajo, a la derecha, a la izquierda.

Respiración: alta, media, baja.

Color de piel: palidecer, sonrojar.

Tono muscular: relajar, tensar.

Predicados: las palabras y frases que usa. Es el contenido de la comunicación.

Tono (agudo, grave), velocidad (rápido, lento) y volumen (alto, bajo) de la voz.

Te desafiamos a que empieces a observar cada uno de estos elementos, soltando la interpretación (al menos por ahora) y agudizando tu percepción.